Mujeres que no aman a los hombres

Tengo 55 años. Durante mucho tiempo me creí todos los mitos de la feminidad inculcados por la filosofía, la sociedad, el cine, etc., sobre la supuesta "naturaleza" llena de sensibilidad, espiritualidad, afectividad, ternura, amor y sacrificio... de las mujeres. Después nos lavaron el cerebro, también el mío, desde la política y los medios de comunicación con los mitos feministas, sobre la naturaleza oprimida, explotada, agredida, etc. de las mujeres. Tanto me lo creí que me hice feminista y me invitaron a participar en una de sus revistas, anexa a un partido comunista. Pero algo en todo aquel mundo me disgustaba profundamente, me producía un rechazo instintivo, y no tardé en comprender que era la terrible agresividad con que se expresaban mis compañeras. También me fui dando cuenta que todo lo relativo a lo "FEMI" parecía tener siempre una importancia máxima, distinta, como si no existiera en el mundo casi ningún otro problema tan "especial"... Luego supe con los años que una cosa son los mitos y otra muy distinta la realidad.

Antes de ser terapeuta, trabajé muchos años en diversas empresas con muchas mujeres. Mujeres de toda edad y condición. Fueron relaciones  laborales bastante superficiales, pero de las que (dolorosamente) aprendí muchísimo. Más tarde, al hacerme terapeuta, tuve el privilegio de conocer a las  mujeres de forma mucho más profunda, accediendo a sus infancias, sus familias, sus sufrimientos, sus parejas, sus hijos, sus ideas sobre el amor y la vida, etc. Pues bien, con todo esto y con enorme estupor fui descubriendo poco a poco que, en conjunto, muchas de las mujeres que he conocido en mi vida no cumplían  la mayoría de tópicos socioculturales atribuidos por la feminidad o por el feminismo. Más bien eran lo contrario. Como si todos esos mitos fuesen, en realidad, una gran tapadera de la verdad opuesta.

Lo primero que entendí con amargura es que una enorme cantidad de mujeres -empezando por mi propia madre- no están dotadas, como  tantas veces nos han dicho, de ninguna sensibilidad especial o capacidad de empatía, amor, etc. Muchas son particularmente egocéntricas, vanidosas, agresivas, exhibicionistas, envidiosas, manipuladoras y no sólo con los hombres, sino también entre ellas mismas. Parecen tener la imperiosa necesidad de llamar la atención, dominar, competir, murmurar, traicionar y olvidarse rápidamente de las relaciones que no les satisfacen. Un "universo femenino" que, muy lejos de lo que nos enseñaron, está basado en el dominio y las apariencias. Un mundo tan hostil como el de muchos hombres, no apto para mujeres "débiles" o distintas (entre las que siempre he estado yo).

Otro descubrimiento asombroso fue que casi ninguna de ellas hablaba de sus hijos con profundo cariño, ni comprensión, ni respeto, etc. Sólo se quejaban, criticaban, juzgaban sus conductas buenas o malas, o simplemente complacientes o no para ellas. Solían ser mujeres duras, ásperas y, sobre todo, como he dicho, egocéntricas. Su prioridad era siempre hablar de ellas mismas y encontrar a alguien, a cualquiera, dispuesto a escucharlas. Así descubrí el  narcisismo femenino y el lema definitorio que yo misma, en un intento de aclararme, ideé y me ha acompañado durante años: "Que todo me complazca, que nada me moleste".

Pero el colmo de mis decepciones fue darme cuenta de hasta qué punto la mayoría de mujeres que conocí no amaban a los hombres. No sólo porque fueran feministas (que algunas sí lo eran), ni porque quizá algunas sufrían traumas con ellos (el padre, parejas anteriores, su pareja actual, jefes, etc.), o porque no les interesara el sexo (que a muchas tampoco), o porque no necesitasen ser sostenidas económicamente por nadie, etc., sino porque sus corazones no sentían ninguna atracción hacia ellos. ¿Por qué? Comprendí que sencillamente porque los hombres no son mujeres. Es decir, desde su egocentrismo, aquellas mujeres no podían relacionarse con nadie que no fuera espejo de sí mismas, es decir, con otras mujeres, ya fuesen como amigas o como rivales. No podían ver, ni admirar, ni interesarse por nada más. Frases como "¡qué quieres,  sólo es un hombre!", "¡no se salva ni uno!", "¡no son buenos para nada!", "aquí mandamos las mujeres", "¡qué más quisiera ése que estar conmigo!", ¡"hombre tenía que ser!",  ¡"los tíos sólo para un polvo, después mejor sola o con mis amigas"!, etc., las he escuchado continuamente en jocosas reuniones de mujeres, mientras se burlaban de cómo las miraba aquel tío o aquel otro, etc.

Como a mí sí me gustan los hombres (en especial, mi marido), y creo que los buenos hombres tienen tantos valores admirables como las buenas mujeres, me perturbó mucho ese descubrimiento. ¿Cómo era posible que aquellas mujeres hablasen tan brutalmente de sus parejas y de los hombres en general? Estaban llenas de desprecio, prepotencia, incluso odio hacia ellos, con el mismo estilo de los hombres más misóginos y machistas que tanto detestaban... Tardé años en acostumbrarme a eso. ¿Qué podían saber aquellas mujeres -muchas de las cuales, en una evidente formación reactiva, se consideraban "románticas"- del amor, o cómo podrían ser buenas madres, etc., si odiaban o desdeñaban a los padres de sus hijos...? (1) Aunque, muy contradictoria e interesadamente, no solían separarse de ellos. 

Muchas buscaban mi complicidad contra los varones y, cuando veían que no comulgaba con sus argumentos, que no les seguía la corriente, me miraban como a un bicho raro, me criticaban, me acusaban de "marimacho intelectualoide que no entiende nada de lo que es ser una 'verdadera mujer' ", me segregaban o conspiraban contra mí. Así aprendí para siempre que, para ser aceptada por esta clase de mujeres, tienes que ser igual que ellas, darles la razón en todo, ser (como antes decía) su espejo. Porque lamentablemente no pueden respetar ni comprender otra cosa. También entre muchos hombres pasa lo mismo... pero al menos ellos no presumen de lo contrario

Así que, a estas alturas de mi vida, las propagandas FEMI de cualquier tipo ya no me interesan. ¿Qué valor pueden tener las afirmaciones de cualquier persona -mujer u hombre- que es egocéntrica, no ama a sus hijos y/o odia al otro sexo? Nada que proceda del inmaduro narcisismo o del odio debería interesar a nadie. Por eso creo desde hace tiempo que los mitos de la "feminidad" y su reacción lo "feminista" son un mismo engaño con distintos envoltorios. Una gran mentira construida por mujeres muy conscientes de su absoluto poder erótico y reproductor; y por hombres miedosos y aduladores, absolutamente dependientes en lo emocional y sexual de aquéllas. En realidad, en el mundo sólo hay PERSONAS buenas o malas. Amorosas o abusadoras... Y son las segundas, con sus permanentes guerras de poder, las que crean estos mitos. (2).

Muy pocas buenas personas (mujeres y hombres) parecen darse cuenta de estas trampas terroríficas de la soberbia, el miedo y la violencia. Pero son ellas las que merecen todo mi respeto y afecto. Por ejemplo, mis buenas amigas y amigos. Mis queridas y queridos pacientes, que luchan por madurar. Y las asombrosas mujeres del video tan hermoso y emocionante con el que acabo este artículo. ¡Todas estas personas sí aman al otro sexo! Y por eso, junto con las chicas del video, yo también digo:

"Sueño con un tiempo donde podamos verdaderamente empoderarnos haciéndonos cargo de nuestra parte del caos, y llevar a su fin el círculo de herir y culpar".


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1. Yo me preguntaba cómo tratarían aquellas madres a sus hijos varones... Y si los trataban mal, ¿no serían ellas mismas, entonces, las autoras de los futuros misóginos, violentos, psicópatas, etc.? ¿Y no sería esto un horrible círculo vicioso? 

2. La marginación social de las mujeres fue una consecuencia de estas guerras de poder. Pero, en mi opinión, aunque el feminismo fue indispensable hasta los años 80, desde entonces ("Tercera Ola") sólo es, en la práctica, otra forma de opresión mundial.