CASOS REALES: Estado de alerta

por niña loca

Vivo en estado de alerta. Sin poder relajarme ni un segundo. Siempre atenta a lo que los demás hacen, dicen, parecen, miran, quieren, me piden o yo creo que me piden, etc... Soy lo contrario a la espontaneidad y a la inocencia. Alerta por si me atacan. Alerta por si digo o hago algo malo. Alerta para averiguar quién es amigo de quién. Alerta para no fallar. Alerta para que no me hagan daño. Tan alerta que no puedo permitirme ni siquiera comer con otras personas. Para comer hay que estar relajada, tranquila, no en permanente tensión... Si estoy con otros sólo puedo fumar y mascar chicle, preparada siempre para la batalla, para atacar, para huir... Preparada para disimular mi fragilidad, mi miedo, mi soledad, mi dolor... Por eso siempre estoy tensa, seria, a punto de estallar. Una no se puede reir cuando tiene la adrenalina siempre a 100, siempre a punto de sufrir un infarto.

Me siento agredida por el calor, por el trabajo, por las exigencias de la gente, por los que se me acercan y no entiendo qué quieren... Agredida por la exagerada sociabilidad de muchos, por la estupidez de casi todos, pero sobre todo agredida por mi misma, por las barbaridades que me digo, por lo mal que me trato, por mi soledad, por una soledad muy antigua, negra y profunda, por la falta de una pareja, de un par de amigos, por sentirme siempre como una vagabunda, como un perro callejero. Pero en lugar de aceptarlo, me paso la vida demostrando lo buena que soy en todo, cuando en realidad la única verdad es que tengo cuatro años, tengo miedo, estoy cansada y sólo quiero jugar con mis muñecas.

¡Lo que veis es mentira! ¡Soy una mentira!