"Si tengo que pedírtelo, ¡ya no lo quiero!"

"Si tengo que pedírtelo, ¡ya no lo quiero!" Es una famosa frase que circula por internet, contenida en una carta de Frida Kahlo a Diego Rivera, y que también oigo a menudo en boca de algunas de mis pacientes. Es un frase muy "femenina". Típica de mujeres que pretenden que su pareja (generalmente un hombre) conozca de antemano y detalladamente todos sus deseos, todas sus necesidades, y las complazca "debidamente". Lo que denota un alto nivel de egocentrismo y arrogancia.

Para estas mujeres, en la relación de pareja no hace falta expresar nada, comunicar nada al otro. Cualquier deseo o necesidad se dan por entendidos, y cualquier tardanza o error en su cumplimiento por parte del hombre es interpretada de inmediato, sin escuchar los motivos del otro, como falta de "interés", de "detallismo" o de "amor". A lo que sigue, casi siempre, una interminable cadena de reproches. Con el tiempo, el resentimiento de estas mujeres va en aumento y se manifiesta una y otra vez al menor roce. Las justificaciones habituales, además de la que titula este post, son del tipo:

Eso él ya tendría que saberlo
Esas cosas no hace falta decirlas
Es que yo lo necesito
Es él quien tiene que entenderme a mí
etc.

Pero si yo les pregunto qué saben ellas de las necesidades de su pareja, o qué les dan ellas a él, etc., entonces responden con cierto desdén inconsciente:

Ya le gustaría a él que...
Me agobia que se queje de...
No tengo por qué hacer...
Yo lo elegí para que me cuidara
etc.

Queda claro, entonces, que estas mujeres sólo desean ser gratificadas pero generalmente con el mínimo esfuerzo y a cambio de muy poco. No se interesan por conocer los motivos, necesidades o limitaciones del hombre, y tampoco saben expresarle y compartirle sus propios sentimientos y deseos. Prefieren ser... adivinadas.

Las mujeres que obran así suelen ser mujeres-niña, narcisistas, con una visión mágica ("romántica") y omnipotente del amor. Creen que éste consiste sólo en ser amadas y no también en amar ellas a su pareja. Su prioridad básica es ser satisfechas. Por ello tienden a emparejarse con hombres fundamentalmente débiles, sumisos, complacientes, o bien de perfil "salvador", que se esfuerzan en agradar a la mujer con la esperanza de ser amados, o por miedo al conflicto o el abandono. Naturalmente, algunas de estas mujeres pueden acabar convertidas en verdaderas tiranas domésticas.

En una relación de pareja madura, ambas partes saben dialogar, escuchar, dar, pedir, compartir, ayudarse. Las cosas no se presuponen, sino que se expresan.. Puede que a veces se amen y a veces se odien, pero ninguna parte goza de "privilegios" ni es "superior" o "directora" de la otra. No hay lugar para príncipes ni reinas. Son dos personas que pueden mostrarse a veces fuertes, a veces vulnerables, pero siempre prevalece en ellos el respeto mutuo, el trato de igual a igual, la amistad. La alegría de haberse encontrado y de ser, a pesar de las dificultades, compañeros de vida.

La pretensión de que nuestra pareja sea nuestra "adivinadora" privada es dominio. Un delirio de orgullo y desamor que sólo denota por parte del que lo sufre unos profundos daños emocionales que le impiden vincularse saludablemente, no sólo con su pareja, sino también con sus hijos y la gente en general. Por eso, en vez de divulgar en internet lemas "femeninos" nacidos de corazones rotos, creo que sería mejor compartir ideas mucho más amorosas y humanas. Como la que cierra este artículo:

Si lo necesito, te lo pido.
Si tú quieres y puedes, me lo das.