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miércoles, 24 de enero de 2018

"Soy víctima"

Así es como se presentan últimamente muchas personas, sobre todo mujeres. Soy víctima de un maltratador. Soy víctima de un perverso narcisista. Soy víctima de un psicópata. Soy víctima de la violencia de género... Nunca antes la categoría de "víctima" había sido una especie de tarjeta de presentación, casi una nueva categoría antropológica.

Y es que el mundo, por efecto de algunas corrientes feministas, parece haberse llenado de mujeres víctimas a las que todo tipo de asociaciones y especialistas intentan atender y defender. Se han convertido en las protagonistas de toda clase de denuncias, debates, leyes, presupuestos, libros, webs, blogs, programas de radio y televisión, series, películas... Han inspirado incluso una nueva especialidad psicológica, la "atención y defensa de la víctima". Es una especie de fiebre social, un negocio inmenso. Pero... ¿alguien se preocupa realmente de que las víctimas dejen de serlo? ¿Interesa, pese a todas las proclamas y lamentos, que las víctimas dejen de existir? Yo no consigo verlo.

El indicio principal de ello es que sigue estando muy mal visto señalar las causas emocionales que enganchan a una víctima a una relación destructiva. No se puede hablar de ello. Cualquiera que lo intente será acusado inmediatamente de "culpabilizar" a la víctima o, peor aún, de defender a los agresores. Desde un maniqueísmo increíble, se carga siempre contra los "malos" y se exalta a las "buenas", como si éstas fueran muñecas sin criterio, meros recipientes del daño que cualquiera pueda causarles. Como en las viejas películas de Hollywood, donde sólo hay ángeles y demonios. Y donde los matices emocionales de las personas de carne y hueso no importan.

Pero las víctimas sí son personas de carne y hueso. Y por tanto, tienen deseos, voluntad, capacidad de elección, sentimientos contradictorios, cometen errores, tienen responsabilidades (que pueden asumir o no), acostumbran a tropezar repetidas veces con las mismas piedras... No son muñecas a la deriva. Pero la sociedad -y la propia víctima- sólo se queja, se indigna, llora y describe continua y prolijamente la "terrible cantidad de daños" que sufren a manos de sus maltratadores... Nadie, o casi nadie, se pregunta por qué la víctima aguantó tanto. Por qué perdonó tantas veces. Por qué no denunció o retiró sus denuncias. Por qué volvió una o más veces con el mismo "demonio". Por qué buscó, inconscientemente, otras parejas igualmente tóxicas. Por qué muchas de ellas también maltratan a los malos o a sus propios hijos. Etcétera. Parece que, para la mayoría, los ángeles, las buenas, las muñecas, no tienen ninguna responsabilidad en su propia vida.

En mi opinión, los "salvadores" de estas víctimas, los que negocian con el maltrato de género, etc., lo que hacen, en realidad, es ofender, subestimar, infantilizar a las mujeres. ¿Y no es es eso lo que tanto detestan del Patriarcado? También fomentan el odio entre los seres humanos, favorecen la corrupción de algunas malas mujeres que no dudan en aprovecharse de los privilegios que se les ofrece, y atraen a la causa a las más violentas y patológicas, como forma de desahogo emocional. Por eso el maltrato continúa y nunca se detendrá, si nuestros únicos recursos son la "indignación" y las leyes. ¿Cuándo alguna ley ha mejorado el Mal? Pueden castigarlo una vez cometido, ¡desde luego!, pero no pueden evitarlo, ni prevenirlo. Porque el Mal surge de las relaciones que establecen las personas de carne y hueso. Y todas las relaciones siempre son cosa de dos o más individuos.

El Mal surge de nuestros corazones. Sus semillas son profundamente íntimas, emocionales, inconscientes, y sus frutos no van a desaparecer con leyes, sentencias y órdenes de alejamiento. El Mal pasa de padres a hijos, de adultos a niños, se regenera continuamente, busca siempre nuevas víctimas. Aunque pudiéramos meter a todos los malos/as en la cárcel, el mal sigue ahí dentro. Incluso muchos jueces, abogados y medios de comunicación se dedican a dispersarlo. El Mal anida sin remedio en todos los seres humanos (que no ángeles ni demonios) que han sido desqueridos y violentados. Por eso los dañados/as se buscan entre sí y establecen relaciones destructivas. Y de esas uniones patológicas brotan las "víctimas". En cambio, quienes sí fueron amados/as en su infancia, nunca, jamás, podrían establecer este tipo de relaciones sadomasoquista que tanto alarman.

Quien desee comprender realmente la violencia de género debe entender que todas las víctimas -y todos los agresores- han aprendido el maltrato en algún sitio. Todos han sido violentados con anterioridad, generalmente en su infancia, por sus propias familias. Por eso y sólo por eso, en la vida adulta, repiten los mismos patrones. Porque carecen de autoestima, están llenos de miedos y resentimientos, ignoran qué son los vínculos sanos ("seguros") y, por supuesto, ignoran lo que es amar y ser amados/as con ternura. Los humanos somos, tristemente, seres paradójicos: decimos preocuparnos por los niños y niñas que sufren violencias, pero, cuando crecen, condenamos ciegamente y sin remedio a los primeros por "malvados" y sobreprotegemos a las segundas como supuestas "desvalidas". Es una verdadera locura.

Yo no veo "víctimas". Sólo veo a mujeres a quienes nadie ayuda a conocerse emocionalmente, a concienciar su infancia y sus mecanismos autodestructivos, a mejorar su autoestima, a madurar su personalidad, a aprender a vivir y amar, a responsabilizarse de sí mismas. (Y lo mismo se hace con los maltratadores). Sólo veo que se las anima a llorar, quejarse, odiar, culpar al otro y declararse, una y otra vez, "víctimas" impotentes, niñas incapaces... Con tanta ceguera emocional, lamentablemente nada cambia ni cambiará jamás. Y el sufrimiento de TODOS se incrementa sin cesar, sin que nadie parezca ser capaz de encontrar la salida...

La salida comienza, en mi opinión, cuando abrimos los ojos y descubrimos que detrás de toda "víctima", de todo agresor, hay infancias terribles, personalidades rotas que sólo pueden aliviarse con coraje. Con terapias que ayuden a mujeres y hombres a madurar emocionalmente. Con la prevención infantil mediante el desarrollo de una mejor salud mental en las familias. Con la comprensión de que la dignidad de las mujeres va mucho más allá de lo que puedan "defender" ciertos criterios politico-legales basados en la queja permanente y el odio... Con el entendimiento, en fin, de que todo esto sólo podrá lograrse con mucha más comprensión, amor y paciencia.

6 comentarios :

  1. Permítaseme la expresión,heterodoxa,pero muy descriptiva:estimada Olga,has cuadrado el circulo!!.
    Perfección expositiva,con veraz e irrefutable diagnóstico y solución en la última linea del artículo.
    Y si bien es cierto que el orden de factores no altera el producto,si me atrevo a anteponer Amor a sus naturales efectos:comprensión y paciencia,entre otras estupendas consecuencias.
    Un cordial saludo.

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  2. Buenos días. Esta entrada me gustaba y chirriaba a partes iguales sin saber porqué. Y al releerla ahora una vez más (lo había hecho ya varias) creo haber encontrado el motivo. Creo que es por las comillas. O porque me parece que en ocasiones no distingue claramente (aunque esto quizá sea yo, que no vea claramente expresada esa distinción). Me explico. ¿Hay víctimas? Sí, sí que las hay, personas reales de carne y hueso que han sido dañadas. ¿Que de ellas algunas lo superarán y saldrán de esa posición? Sí, claro. De eso se trata. Pero no me gusta aquella campaña de "No soy víctima. Soy superviviente." porque aunque pretende ser positiva parece negar parte de la realidad. Yo vería mejor "Sí, soy (he sido) víctima de pero he sobrevivido y me he recuperado". Me parece mucho mejor. Y ahora voy con lo que decía de las comillas. ¿Hay "Víctimas"? Sí, también. Por "víctimas" (con comillas) frente a víctimas (sin comillas) siempre he entendido a la gente que va de víctimas sin serlo (que las hay). Se las suele llamar victimistas y en cierto modo viven de ello o sacan provecho de ello, de vender una historia que no es , una realidad que no es. Con ello dan pena y sacan beneficio de personas desprevenidas. Y generalmente, o al menos eso creo, detrás de estas "víctimas" hay gente muy calculadora que se aprovecha de otros a través de la pena (de la pena por una historia de víctima que es falsa, que no existe), algo que relaciono con tu entrada "El síndrome del salvador". Esto que comento me ha traído a la mente una historia personal real que cuenta Lucía Etxebarría en su libro "Tu corazón no está bien de la cabeza. Cómo salí de una relación tóxica" (libro muy recomendable por cierto; en mi opinión, claro) en la que fue manipulada por una chica que iba de víctima. La historia está recogida en las páginas 240 a 250 y su lectura es absolutamente recomendable. En fin, en definitiva, que quería puntualizar esa diferencia entre ser víctima (aunque luego se supere) e "ir de víctima" ya que en muchas ocasiones, lamentablemente, precisamente a las víctimas reales se las acusa de "ir de víctimas" (que sé que no es el caso aquí pero bueno). Saludos. Neo.

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    1. Totalmente de acuerdo, Neo. Así también con la exposición de Olga, sobretodo con esta frase TAN VALIENTE: "Incluso muchos jueces, abogados y medios de comunicación se dedican a dispersarlo". En la que añadiría: servicios sociales, centros de ayuda a la infancia, unidad de familia y menor, fiscalias, trabajadores sociales, educadores, fundaciones/asociaciones/ongs de ayuda a la familia, agentes de la seguridad ciudadana, etc.
      Nada es lo que parece y en mi opinión, es todo un tinglado eufemístico, donde la verdadera víctima inocente por ser presa de criminales, es a la única que NO ayudan, sino todo lo contrario.
      Desconfiemos, por favor, abramos bien los ojos y descubramos las verdades entre nosotros...los de a piè. Protejámosnos.
      Un abrazo.
      Sarasvati

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  3. Completamente de acuerdo con todo lo que dices, Olga. Magnífico artículo.

    Hoy mismo, viendo el telediario en la televisión -costumbre que he decidido abandonar también hoy- y tras más de 20 de los 45 minutos que ha durado dedicados a feminismo y abusos de hombres sobre mujeres (sin exagerar), no he podido dejar de pensar en qué causas pueden llevar a ciertas víctimas a soportar durante años esos abusos, sobre todo en casos en los que con comentarlo a unos padres en el caso de menores o decir "no" en el caso de adultos (obviamente no incluyo aquí violaciones violentas ni asuntos del estilo) el abuso podría finalizar.

    Creo que ahí se esconden muchas miserias que nadie quiere contar.


    Un saludo

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    1. Nosotros tampoco podemos con las noticias, Tatum. Van por oleadas, como orquestadas y nauseabundas plagas. Primero fueron los inmigrantes sirios, después el independentismo y ahora los temas de género. Nadie está interesado en contar la verdad de lo que pasa, sino en sofronizar a la población sobre ciertos temas. Así que mejor dedicarse a oir música o a ver series o a pensar, o a escribir y olvidarse de tanta manipulación.
      Y por cierto, decirte/deciros, que a nuestra consulta nunca ha acudido una mujer maltratada, pero si bastantes hombres maltratados que han querido despertar y vivir de otra manera.
      Gracias por comentar y un beso! (también para Salvador Gaviota y Neo)

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  4. Hola, soy Neo. Acabo de pasarme otra vez por aquí y al hilo del comentario de Tatum (y como ha sido dicho comentario el que me lo ha recordado) he decidido dejaros enlace a un vídeo que me llegó esta mañana a mi Facebook. Va sobre acoso escolar y el método KIVA. Os dejo tb el comentario que puse sobre el video: https://www.facebook.com/AprendemosJuntosBBVA/videos/10214615073306407/ Está bastante bien (aunque no lo he oído, pero sí seguido los subtítulos). Habla de acoso escolar pero valdría para cualquier tipo de acoso en general. Importancia de decir No, potenciar la asertividad y la autoestima, etc. Justo lo contrario de lo que nosotros (los acosados familiares) vivimos. Tb que no debería ser el acosado el que se vaya y que el grupo debería actuar (aunque ya sabemos bien nosotros lo que pasa y de ahí los testigos mudos y que,a menudo, para poder tener contacto cero, sea uno el que deba irse o si no, al menos, deba plantarse). Lo que menos me convence es la parte final, esa idea que poco menos que "Todo puede resolverse hablando" porque "Hablando se entiende la gente" (cuando todos sabemos que en acosadores persistentes y/o recalcitrantes lo único que sirve es tomar medidas firmes). Y bueno, las "recetas", bien mirado, son de simple sentido común pero de todos modos, en casos como los nuestros, no viene mal que nos recuerden todas esas recetas normales de sentido común. Visto que toda la vida se nos enseñó lo contrario (a someternos / anularnos) no está de más que se recuerde e insista lo sano, por obvio y tonto que parezca. PD: Por cierto, los comentarios de la gente en la publicación son, muchos de ellos, excelentes y llenos de sentido común (y, sobre todo, de realismo).

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