Sí hay culpables

A los que tienen padres que no aceptan ni corrigen sus errores.

Leyendo algunos blogs de crianza y terapias para madres inspiradas en las teorías de Alice Miller y/o Laura Gutman, etc., leo muy a menudo cómo nos aconsejan "revivir la infancia", "dar voz a nuestra niña herida", "concienciar los introyectos recibidos", etc. Pero a continuación también leo que es imprescindible "comprender lo ocurrido", "no buscar culpables", saber que "todo depende de cómo vivamos lo sucedido", etc. Y ante estas indicaciones siempre siento la misma decepción. La sensación de que ambos grupos de consejos se contradicen. Es más, intuyo que el primero sólo es una especie de "trámite" para llegar a lo que realmente importa, el segundo, una especie de "aquí no ha pasado nada", de "comprende lo sucedido, acéptalo sin señalar culpables, no te quejes más y sigue adelante". Una forma disimulada de llegar a lo de siempre: ¡perdona y olvida!". Sin embargo, desgraciadamente en la vida de las personas que sufren sí han pasado muchas cosas. A menudo, muy graves. Por eso, ¡claro que hay culpables! Y la "curación" no es algo tan simple, ni que requiera siempre de un perdón más o menos forzado.

Porque ¿qué significa revivir la infancia? ¿Es simplemente experimentar aquí y ahora todo el dolor y el rencor que llevamos dentro? ¿O es además expresarlo y, en consecuencia, tomar las decisiones más convenientes para nosotros mismos (p. ej., alejarnos o romper definitivamente con nuestras familias, etc.)? Si alguien te da un fortísimo pisotón en el autobús, no sólo experimentas mucho dolor, sino que también expresas de algún modo la ira que te produce. Mientras te duela, seguirás furiosa (aunque disimules), y no podrás ni querrás "comprender" a la persona que te ha pisado, aunque después descubras que es una pobre ancianita tambaleante. Por eso, si una persona nos dice en consulta "mi madre es una hija de puta porque me ha hecho todo esto y me lo sigue haciendo", ¿qué le responderemos? ¿La acompañaremos, la animaremos a expresar, a vomitar su indignación, o le aconsejaremos que "no busque culpables" y "comprenda a su madre porque ella también ha sufrido mucho"? Para mí, no hay ninguna forma de relativizar o quitar importancia a las violencias contra la infancia (1).

Por eso no tengo la menor duda de que frases como "todo depende de cómo te lo tomes", "no juzgues a tus padres porque todos somos víctimas de víctimas", etc., aunque son parcialmente ciertas, suelen utilizarse de forma interesada y veladamente represora para, en definitiva, hacer callar a la víctima y absolver a los progenitores tóxicos. Es usar medias verdades para lograr fines predeterminados. Porque si estamos ayudando a las personas a crecer, ¿cómo nos atrevemos a sugerirles que no expresen, que no sientan lo que sienten? ¿Somos sus cómplices y acompañantes emocionales, o sus nuevos domadores? La buena psicoterapia sólo puede tener un fin: ayudar a aliviar el dolor de las personas.

Pero ¿y si, muchas veces, la maduración no pasa por el "perdonar y olvidar", sino precisamente por todo lo contrario? ¿Y si la persona decide no perdonar jamás a la madre y/o padre "hijos de puta"? ¿O alejarse de ellos durante mucho tiempo o para siempre? ¿Y si el crecimiento personal no tiene siempre "finales felices" ni, mucho menos, prediseñados? La sanación emocional tiene muchos caminos. Y nunca debemos olvidar que el protagonista de la terapia es siempre el cliente y no su familia. Y el terapeuta es su abogado defensor, no el guardián encubierto de intereses morales y sociopolíticos.

No, no comparto esa visión buenista y "positivizadora" de algunos blogs que dicen inspirarse en Alice Miller, etc. La propia Alice Miller jamás me dio esa impresión. Es como si sus autores tuviesen miedo de destapar la caja de los truenos. Como si temiesen aplicar los descubrimientos de Alice Miller (que no contienen prejuicios moralizantes ni ideológicos) hasta sus últimas consecuencias. Como si pretendiesen nadar y guardar la ropa. (2) Y desde el miedo y los prejuicios, ¿se puede realmente ayudar a los que sufren? Yo creo que no.

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1. Las "violencias infantiles" no son eufemismos o elucubraciones intelectuales para escribir artículos brillantes. Son sucesos reales y destructivos que se repitieron durante años. Son palizas, abusos sexuales, humillaciones en público o en privado, castigos terribles, estados permanentes soledad o terror, explotación emocional, abandono, simbiosis crónicas incestuosas, etc., etc. Los daños objetivos de todo esto (que son los que conducen a las personas a buscar ayuda psicológica o psiquiátrica) no dependen de "cómo nos lo tomemos", etc., ni son minimizables de ningún modo, porque los produjo una brutalidad parental objetiva (muchas veces punible judicialmente si se hubiera denunciado en su momento) contra niños y adolescentes desvalidos sin la menor posibilidad de defenderse.

2. Inspirarse en algunas de las ideas de Alice Miller no es lo mismo que aplicarlas amoralmente en la psicoterapia clínica de hombres y mujeres gravemente maltratados. Los blogs "para madres" a los que me refiero parecen condicionados por algunas de estas cosas:
1) Suelen orientarse exclusivamente hacia mujeres que desean ser madres o que ya tienen hijos pequeños.
2) Su finalidad principal es la buena crianza de estos niños, sin duda una excelente medida preventiva cuando el daño aún no está hecho.
3) Su idea básica de mejoría emocional parece ser el "hacer las paces" con los padres, sobre todo con la madre.
4) Incluyen ideas preconcebidas sobre la familia, lo femenino, lo maternal, con ciertos aspectos feministas, que convierten a la figura materna en algo casi intocable.. 
5) Tienden a utilizar un lenguaje suave, plano, abstracto, idealizado, destinado a minimizar los conflictos, cosa que impide que la mujer dañada profundice en sus heridas y entre en contacto con su orfandad.
6) Acostumbran a aplicar principios cognitivo-conductuales, gestálticos, junguianos,  etc., que no propician, según mi experiencia,  la profunda liberación emocional que muchas personas necesitan. 
7) Enfatizan la propia infancia, y no también el presente, las relaciones actuales con  padres tóxicos que, como describo en este artículo, nunca han reconocido ni reparado sus errores.
8) Su consejo de comprender y no buscar culpables sólo es aplicable a los progenitores. En los casos de la mal denominada "violencia de género", en el que el agresor es el cónyuge, el varón, difícilmente sostendrían este discurso. 
9) No he visto mencionados síntomas neuróticos concretos (ansiedades, adicciones, obsesiones, depresión, problemas de personalidad...) de hombres y mujeres,  ni que hablen de la  dolorosa carga emocional reprimida que los motiva.
10) Confunden a muchas personas que, contaminadas por mensajes como "no hay que juzgar", "no hay que buscar culpables". "no hay que odiar porque el odio genera más odio", vienen a consulta culpabilizados y con serias dificultades (además de las que su propia represión les genera) para sentir y expresar el legítimo resentimiento que tienen hacia los causantes de su problema.
No obstante, soy consciente que estos blogs y las técnicas que preconizan pueden ser útiles a muchas mujeres. Todo depende de cada caso y de cómo cada terapeuta, según su propia madurez personal, aplique cualquier teoría.