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miércoles, 12 de julio de 2017

¡No le pidas peras al olmo!

Muchísimas personas no son felices con sus parejas porque esperan o exigen de él/ella muchas cosas que éstas jamás les darán. Y no porque no quieran o porque sean "malas" o "egoístas", como acostumbra a decirse, sino porque no está en su naturaleza o su neurosis específica. Y nunca lo estarán. Obsesionarse con reclamarles ciertas cosas es, por tanto, como pedirle peras al olmo. Es una dolorosa locura íntima. Es, en definitiva, no saber con quién estás. Y quienes más exigen y sufren porque el otro "no les quiere" son los que menos conocen esta obviedad porque son, precisamente, las personas más maltratadas, las que más sufrieron en su infancia y, por lo tanto, las más neuróticas y/o narcisistas.

Pero, nos guste o no, los demás son como son, dependiendo de su biografía, exactamente igual que nosotros. No son como necesitamos o nos gustaría que fuesen. Ésta es una de las lecciones más imprescindibles y más duras de aprender para millones de personas, y por eso hay tanto dolor y violencias en las relaciones de pareja. En realidad, la mayoría no son sino enganches, interminables guerras mutuas, un empecinado intento por "cambiar" al otro/a, por adaptarlo a las necesidades de la otra parte, por convertirlo en su esclavo (emocional o sexual) o en su salvavidas. Mucha gente va incluso al terapeuta esperando consciente o inconscientemente "instrucciones" para conseguirlo... Pero las cosas no funcionan así.

En mi opinión, hay tres reglas básicas que la mayoría de la gente no conoce con respecto al amor de pareja, sin cuya profunda comprensión no tenemos la menor posibilidad de ser felices junto a otra persona. Dichas reglas son las siguientes:

1. El amor de pareja es una "neurosis compatible". Es decir, cualquier cosa que tú necesites del otro  o que tú tengas para darle, debe coincidir lo mejor posible con lo que el otro tiene para dar y al revés... Lo mismo que una llave encaja (o no) en una cerradura. No se trata, de que cada vez que abrimos una puerta, tengamos que forcejear con la llave, atascar la cerradura,  empujar, llamar al cerrajero, o esperar que la llave mágicamente se adapte.... Se trata simplemente de que, de la forma más suave y natural posibles, hagamos clic-clac y ¡la puerta se abra! Así será una buena relación de pareja. En otras palabras, lo más parecido a una buena amistad, en la que todo sucede por si solo, con naturalidad...

2. El amor de pareja no es "hacer feliz al otro". Éste es un mito tóxico de lo más extendido. Mucha gente cree que tiene el deber o la misión de renunciar a si mismo, de esforzarse o sacrificarte por complacer o "hacer feliz" al otro, como si el amor fuese un trabajo, o una religión o ¡una condena!...  Cuando es  exactamente al revés. Tú y el otro ya deberíais sentiros lo suficientemente felices con vosotros mismos  antes de conoceros y, por supuesto, con lo que encontráis el uno en el otro, con lo que sois, y con lo que espontáneamente este encuentro os ofrece. Por supuesto que siempre habrá ocasiones en las que deberemos realizar algunos esfuerzos y sacrificios por el otro (lo mismo que también los hacemos a veces por nosotros mismos, por autoestima, aunque no nos apetezca demasiado), porque la convivencia  no es nada fácil. Pero ello no significa que la relación de pareja deba ser una especie de "fábrica de felicidad obligatoria" para el otro.

3. El amor de pareja no sirve para salvarte. Por mucho que tus fantasías románticas/ infantiles, tus expectativas neuróticas, etc... así lo sueñen, tu pareja nunca  podrá salvar tu existencia. Desde luego, si es una buena "llave/cerradura", sí podrá aliviarte de ciertas carencias. Podrá darte algo de aliento, fuerzas, guía, bienestar... Podrá comprenderte y acompañarte (¡lo que ya es mucho!) en tus momentos personales más duros... Pero sólo podrá hacerlo hasta cierto punto. Sólo hasta donde se lo permitan los límites de sus propios dolores, de su propia neurosis.  Porque el alivio de las neurosis profundas es algo muy complejo que requiere de un trabajo emocional difícil y, desde luego, el amor de pareja no es la "terapia" más adecuada para ello.

Así que, en suma, si tu neurosis o tu egocentrismo personal son demasiado grandes, si te ciegan, si no te permiten conocerte mínimamente a ti mismo y al otro, ten cuidado. Con gran probabilidad, elegirás llaves o cerraduras equivocadas a las que te engancharás en un titánico esfuerzo de que el olmo te dé las peras que necesitas. Convertirás a tus parejas en tiranos/as o esclavos/as, hundirás tus relaciones porque las confundirás con botes salvavidas a los que forzaste y exigiste demasiado. Por el contrario, si eres una persona lo bastante madura y sabia para respetar los "tres principios" mencionados del amor de pareja, sabrás elegir bien tus relaciones, conservándolas larga y felizmente sin esperar que nada cambie porque todo estuvo lo mejor posible desde el primer día.

4 comentarios :

  1. Es una grandísima verdad. Me gusta mucho el concepto que utilizáis, tanto José Luis como tú, de “neurosis compatibles”.

    Mi experiencia personal en ese campo no es demasiado buena. Supongo que el propio historial neurótico te conduce a tomar decisiones equivocadas que, por desgracia, frecuentemente se alargan en el tiempo por pura dependencia. Al no estar contento con lo que esperas de la otra persona (por supuesto sin que ésta sea mejor ni peor, simplemente alguien que seguramente no es muy compatible contigo) uno puede acabar exigiendo cosas que la pareja no quiere/no puede/no sabe dar y ahí nace el descontento.

    Otro caso, creo, es tratar de ayudar a tu pareja si sabes que tiene bloqueos por su propia cosas (educación, maltrato…). Por ejemplo, me lo invento (o no), yo puedo ser consciente de que mi pareja no se atreve a proponer actividades juntos porque cree que todo lo que ella sugiere a mí me puede parecer una mierda (sin haberle dado motivo alguno para ello). Ahí yo creo que sí puedes ayudar, como ella a ti en otros aspectos. En el fondo es crecer juntos.

    El problema es que la frontera entre ayudar a crecer y tratar de modelar a una persona según tus exigencias es FINÍSIMA y requiere mucho conocimiento de la otra persona -y de ti mismo- para ser consciente de lo que estás haciendo. O eso pienso, al menos.

    Por otro lado, creo que uno debe olvidar sus propios clichés o imágenes preconcebidas de pareja y ver de manera lúcida -por muchas diferencias que tenga con la otra persona- si sus realidades son compatibles. Pero ahí es difícil tener claridad si entran en juego cosas como el miedo, la dependencia, etc.

    Y me hago esta pregunta con difícil respuesta:

    ¿Una persona maltratada solamente podrá ser comprendida por alguien que ha pasado por algo similar y que tenga semejantes sensibilidades?

    Muy buen artículo, Olga. ¡Gracias!

    Un saludo.

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    1. Para mi lo importante es la conciencia. Una persona puede haber sido igual de maltratada que nosotros, Tatum, pero tener fuertísimas resistencias a concienciarlo y por lo tanto ni comprenderá, ni sentirá empatía por nuestro dolor, más bien lo rechazará o huirá de él porque le recuerda, inconscientemente, el suyo propio, eso que lucha cada día por no mirar... El sufrimiento no tiene porqué ser similar, pero tiene que existir y también tienen que haber ganas de comprenderlo, expresarlo y trascenderlo y ¡ahí si! puede darse una "camaradería terapéutica" preciosa. Besos!

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  2. Pero lo de la neurosis compatible también es un problema. Yo siempre acabo con hombres narcisistas y dominantes que me tratan como a calcetín usado porque soy demasiado dulce y tranquila. Pero no puedo evitarlo me vuelven loca y se lo doy TODO. Ahora estoy con un psi para mejorar y olvidar al ultimo con el que corte hace dos años a pesar de adorarlo porque me despreciaba y que ahora me llama para decirme lo bien que esta con la nueva.Es una mierda porque se que no se merece nada pero me sigue volviendo loca y tengo que apartarme porque es un veneno, una tentacion horrible

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  3. Gran escritora y gran terapeuta. Saludos

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