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miércoles, 14 de junio de 2017

Odio al odio

Al principio de las terapias, es habitual que algunos de mis pacientes se muestren resistentes, "alérgicos" al odio que sienten hacia determinados familiares supuestamente queridos, y se sienten molestos (o enfadados) cuando se lo pregunto o señalo, o cuando ellos mismos lo descubren en los tests que realizamos. Algunos no contestan a ciertas preguntas, o cambian el concepto de "odio" por el de "no me gusta", y casi todos se apresuran a aclarar que ellos no odian a nadie y mucho menos a su familia, pareja o hijos, porque "el amor y el odio son incompatibles". Así son las defensas psicológicas de los individuos... y los mitos de la cultura occidental.

Nuestra sociedad, basada en profundísimos prejuicios judeocristianos, considera no sólo que odiar es "malo", sino que cualquier actitud que no sea "amorosa, fuerte y alegre" es despreciable y/o patológica. Por eso infinidad de personas y famosillos televisivos o interneteros profieren frases tan narcisistas, absurdas y culpabilizadoras como éstas:

  • "El odio es un sentimiento que no conozco"
  • "Yo no odio. Odiar es darle al otro demasiada importancia".
  •  "Odiar es una pérdida de tiempo y desgasta muchísimo".
  • "Odiar es para los flojos".
  • Etc.

O sea que, para la mayoría, hay una indudable dualidad emocional, hay sentimientos "buenos" y sentimientos "malos". Cosas buenas que "debes" sentir (o al menos fingir que sientes), y cosas malas que debes ocultarte incluso a ti mismo para no creerte y/o ser considerado por los demás como un enfermo. Vivimos en una gigantesca FARSA global y por ello nos vemos obligados a repetimos hipnóticamente que "odiar-es malo", que "hay-que-ser-bueno", que "debemos-perdonar", etc., etc., para no sentirnos excluidos del rebaño. Sin embargo, nada de todo esto impide que la realidad sea exactamente la contraria. De hecho, es precisamente para negar y maquillar este horror, para lo que se hipnotiza a la gente contra el odio omnipresente.

El mundo entero nos demuestra a diario, cada minuto, cada segundo de nuestras vidas, que el odio y la violencia están por todas partes. En la política, en el deporte, en las escuelas, entre mujeres y hombres, entre homosexuales, entre padres e hijos, entre hermanos, entre vecinos, entre competidores de cualquier tipo, entre colectivos, entre razas... En el cine, la televisión, los concursos, las tertulias, los debates políticos, las redes sociales, etc., el odio no sólo aparece sin descanso, sino que es cultivado, fomentado, explotado sistemáticamente. El odio es un negocio global, una forma de control y división social y política y, por supuesto, un entretenimiento catártico para demasiada gente que proyecta su malestar en el "pan y circo". Lo que no saben es que todo esto es promovido por los mismos que después nos dicen que "odiar es malo"... ¿Cómo podemos estar tan ciegos, ser tan ingenuos o inmaduros?

El odio es una emoción tan profundamente legítima y natural como el amor. De hecho, ambos son las dos caras de una misma moneda y conviven en igualdad de condiciones, nos guste o no, en nuestro corazón. No podemos amar a una persona sin también odiarla por determinadas razones. No podemos odiarla sin también amarla ocultamente, inconscientemente... Porque amor y odio son interdependientes, se retroalimentan como el yin y el yang, por mucho que, como las caras de la luna, sólo acostumbramos a ver una de ellas. Para descubrir la otra cara (generalmente la hostil), deberemos viajar a ella.  Y para ello sirven precisamente las psicoterapias profundas.

¿Y por qué tendríamos que viajar al "lado oscuro" de nosotros mismos,  ese que está PROHIBIDO por la civilización? Muy sencillo: porque, sin tal viaje, no hay sanación posible. No hay maduración ni crecimiento personal. ¿Cómo cualquier persona apaleada por su familia, por la escuela, por sus parejas, por la sociedad, podría curarse si sus gritos, sus quejas, sus lágrimas, su furia son amordazadas continuamente por sus "salvadores", ¡esos mismos que la hipnotizan continuamente con mantras de "amor" y "perdón"!? (De hecho, si quieres identificar a un "salvador" que en realidad sólo es  verdugo, no tienes más que contabilizar el número de veces que repite la palabra "amor").

Sí, el amor y el odio existen juntos dentro de TODOS nosotros. Son hermanos y deberíamos aceptar y reconciliarnos de una vez por todas con ambos. En psicoterapia, la curación no llega ocultando o embelleciendo sentimientos, secretos y cosas supuestamente "malas" (como el odio, la rabia, el desprecio, el rencor, la vergüenza, la tristeza, etc.), sino, al revés, destapando todo eso, levantando la alfombra, desatascando el alma... Alentando a la persona a expresar todo aquello que se ocultó a sí misma durante años para sobrevivir psíquicamente, al precio -eso sí- de dolorosos síntomas neuróticos.  Porque, muy al contrario de lo que predican muchos "iluminados", expresar el odio no lo aumenta, sino que lo exorciza. Y sólo así, aligerándonos de esta antigua y pesadísima carga (y del tremendo esfuerzo que nos conlleva ocultarla), podremos, por primera vez en nuestras vidas, explorar y potenciar los aspectos más bellos, sanos, creativos y amorosos de nosotros mismos, de los demás y del mundo.

No hay otra manera. Ni nunca la habrá.

7 comentarios :

  1. Desde el espacio de la psicología analítica, sería comenzar a trabajar con nuestra sombra. Es el primer nivel del análisis.

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  2. Estoy de acuerdo hay mucha hipocresía en el mundo y sobre todo para si mismos por eso de sobrevivir psiquicamente peor así es como se forman precisamente las personalidades psicopaticas (Los llamados PSICOPATAS,pues), que luego dicen no tienen sanación, no se que tan cierto es eso quizá es que aplica la de siempre hay de gravedad de casos a gravedad de casos, osea que depende el caso y la gravedad de este, y aunque tu y José Luis tiene una postura definida aquí estoy aun siguiéndolos, por que se que dicen la verdad por mis propias experiencias de vida aunque digas que no estoy en terapia que, por cierto es cierto y tienes razón en esto, también te digo lo mismo que antes a los dos, ustedes son los únicos que he visto en, español y en internet que hablan de la verdad exactamente como es, en casi todos sus post, no maquillan nada y el otro pues el Dr. Iñaki que sigue brillando pro su ausencia aunque he de decir que de repente siento que maquilla algo pero quizá solo sea mi mera percepción, como sea saludos Olga y muy buen artículo estoy de acuerdo mas que nada en esas ideas clave, de la misma naturaleza del odio y el amor, y ocultarse emociones y sentimiento par a sobrevivir psiquícamente, aunque haya casos insalbables.... bueno saludos!

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  3. Grandísimo artículo con maravilloso final. Gracias por arrojar algo de luz al mundo.

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  4. ¡Qué gran artículo, Olga! ¡Claro y meridiano!

    En cuanto empecé a leer el párrafo que
    comienza por "El odio es una emoción tan profundamente legítima y..." no pude evitar pensar indefectiblemente en el Tao Te Ching, cosa que luego se confirmó con la alusión al Ying y al Yang. Lo descubrí a través de José Luis y para mí es maravilloso.

    Coincido plenamente con todo lo que comentas y lo he vivido en mis propias carnes. En terapia, las cartas de odio dirigidas a determinadas personas son tremendamente terapéuticas, por cierto, y eso que era bastante reacio a ello. Pero no hablo solo de cartas si no de expresar los verdaderos sentimientos en el día a día por encima de toda acuerdo social (amor incondicional a tu familia aunque te esté fastidiando la vida, por ej.).

    !Un abrazo y gracias, Olga!


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  5. Los tabúes como el odio a tus progenitores, o "mamá es sagrada" marcados por esta sociedad vacía, superficial e inmadura, son los que dan alas y protegen a estos maltratadores que roban la dignidad y la autoestima e incluso la salud mental, a quienes hemos tenido que soportorlos en silencio, precisamente por esa presión social que favorece, y mucho, a estos verdugos que trabajan en la sombra. Por eso muchos callamos porque lo primero que pensamos es " no me va a creer nadie" y efectivamente es así. Uno que ha aguantado de todo de puertas para adentro, se ve amordazado y en silencio porque siente que nadie del entorno cercano y familiar le va a apoyar. Y asi es como suele ocurrir. Me reulta cuanto menos curiosisimo que el entorno familiar siga alrededor de estos maltratadores y las victimas suelan acabar en el ostracismo.Es sólo mi opinión pero creo que la Sociedad con sus "slogans" fatuos y sus planteamientos mediocrees (mami es güena/ tienes que querer a tus papis aunque en la sombra te humillen y pisoteen)ayudan a esta gente a castigar y a despedazar psicológicamente todavia más al que ha tenido que sufrirlos, que es el coherentemente debería estar más protegido.

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  6. Estamos tan adiestrados a profesar amor incondicional a los padres, a pesar de ser los verdugos en casa. Se trata de un trabajo de años en el que uno aún no tiene ni la madurez, ni idea por qué siente todo lo que siente en el cuerpo. Son tantos los mensajes universales que dotan de amor etéreo ya de entrada a toda persona que tiene a un hijo, que me parece una locura visto desde fuera. Esto lo reflejabas Olga en una de tus entradas de post. Esta ceguera de dar por sentado que el amor aparece por ser padres, que siempre el hijo estará protegido, amado, cuidado. Detrás, sobre todo de cada maternidad hay motivaciones ocultas muy distintas, y los hijos han de cargar con las neurosis de sus padres.
    Cuando un hijo odia a sus padres, han habido muchas otras ocasiones en los que ha vuelto a quererlos aún recibiendo lo peor de ellos, pero las emociones, nuestro dolor, nuestros vacíos que aparentemente no tienen nombre... están ahí para descubrirnos que fuimos vulnerados, maltratados y no queridos, recibiendo desprecio y hostilidad de unos padres que volcaban su odio, su daño no resuelto en nosotros. Impactante y aterrador ¿verdad?.
    Si acaso alguno de ellos, se hubiese parado a preguntarse ¿cómo podía ser tan sádico con sus propios hijos? Si se hubiese parado a mirar su verdadero odio de frente, ponerle nombre, llorar, gritar, sentir...quizás hoy no estuviéramos reflexionando sobre ello en este espacio.

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  7. Este tipo de padres son incapaces de mirar algo diferente a su ombligo, por eso es muy dificil y complicado que hagan gestos tan sanos como por ejemplo preguntarse cúal ha sido su papel en la ruptura familiar o pedir perdón sin un interés premeditado.
    Este tipo de situaciones son aterradoras cuando no se tiene la madurez suficiente o recursos personales para salir adelante.
    Cuando uno se recupera no siente terror, siente pena, principalmente por ellos, pues es entonces consciente de las tremendas limitaciones emocionales que sufren estos padres que en el fondo son como niños centrados en exclusivamente en sus necesidades, sin posibilidad de crecer gracias a un narcisismo enfermizo y mal desarrollado.

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