¿Quién eres tú?

No es signo de buena salud
el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma.

Jiddu Krishnamurti

El ser humano necesita sentirse aceptado, querido, pertenecer primero a su familia y, después, a la sociedad en la que vive. Por eso, para calmar su miedo al rechazo, se somete, se conforma, se subordina. Primero a los deseos de sus padres y más tarde a los del mundo.

El problema es que, cuando nos rendimos a los deseos de los demás, dejamos de percibir los nuestros. Simplemente pensamos lo que quieren que pensemos, hacemos lo que quieren que hagamos, intentamos sentir lo que nos mandan que sintamos... y así llegamos a quedar casi completamente ciegos a nuestras propias necesidades y sentimientos. O, aunque los veamos, no podemos soportarlos y luchamos agotadoramente contra nosotros mismos para no quedar excluidos del rebaño.

La sociedad "moderna", salvajemente materialista y superficial y donde apenas cabe nada que no sean los objetos y el placer fácil, es increíblemente devoradora. Por ejemplo, ¿qué porcentaje de tu cuerpo y tu corazón te sientes obligado/a a mutilar, a extirpar de ti mismo/a, para complacer a ese monstruo de vacío que hemos construido? Seguramente la mayor parte.

Muchísimas personas libran a diario titánicas batallas contra sí mismas. Porque, ¿qué ocurre si uno es demasiado tímido, sensible, callado, triste, feo, flaco, gordo, agresivo, intelectual, brillante, "raro", etc.? ¿Qué sucede si no nos gusta la política, o los valores actuales, o los deportes, o la diversión estúpida y superficial, o los comadreos de grupo, o el comprar por comprar, o los espectáculos de moda, o  los supermóviles, o el turismo masivo de "todo a cien", o el sexo-baratija, o el trabajar mucho sólo por dinero,  etc., etc.? Ocurre que tenemos que disimular y fingir y mentir y esforzarnos y aguantar y tragar y reprimir nuestras ansiedades todo el tiempo.

Y cuando hacemos esto todas las horas de todos los días durante años, obsesionados  por no sentirnos apartados de un rebaño loco que no va a ninguna parte, sucede también otra cosa: perdemos la visión. Nos volvemos insensibles a nosotros mismos. Morimos por dentro. "Desaparecemos" como individuos... Y convertidos entonces en meros cascarones, todo el mundo puede hacer más que nunca lo que quiere con nosotros. Con todas las secuelas que ya sabemos: estrés, amarguras, victimismos, envidias, infelicidad, síntomas neuróticos, etc.

En cambio, si tú SABES QUIÉN ERES, lo que realmente sientes, piensas, necesitas, deseas, sin confundirlo con los que los demás esperan de ti, entonces tú te conoces a ti mismo/a. Y si te conoces a ti mismo, y te atreves a mostrarte, reivindicarte, realizarte, entonces tú eres realmente libre. Y, si eres libre, ¡ya no tendrás miedo ni necesitarás a ningún rebaño para ser feliz!