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martes, 28 de marzo de 2017

CASOS REALES: Cosas que no te dije

Para José Luis, el Tamariz de la Psicoterapia

por Ana S.


(Foto cedida por Olga)

Sí, ya sé que no te va a gustar nada la idea y que a lo mejor te enfadas conmigo. Pero una de las cosas que aprendí contigo es que tengo que hacer siempre que pueda lo que me pida el cuerpo, y a mí el cuerpo me lleva pidiendo hace tiempo contarle al mundo lo que viví contigo y lo que te debo. Lo tendría que haber hecho antes, pero me daba vergüenza y he necesitado tiempo para entender y atreverme a escribirlo y enviárselo a Olga para ver si me lo quiere publicar.

Así que allá voy. Me acuerdo que hacía mucho frío y que no sé ni como llegué a la consulta porque estaba muerta de miedo y de nervios. Pero llegué y llamé y ahí estabas tú, abriéndome la puerta, el mismo que escribe los artículos que había leido, con una sonrisa, dos besos y acompañándome a lo que yo siempre llamé para mí "la habitación de volar" (por la gaviota del cuadro) y ahí empezó todo. La cosa más difícil, interesante y muchas veces divertida que he hecho en mi vida.

Estaba hundida, machacada por mi familia y mi pareja, un maltratador al que había denunciado dos veces. Era una zombi. No sabía lo que sentía, no me sabía explicar. Pero a medida que tú me ibas preguntado, porque me preguntabas muy bien, yo lo iba pensando, hablando, llorando (creo que debí gastarte mil cajas de pañuelos) y poco a poco todo empezó a estar más claro, a irse la niebla en la que siempre había vivido. Y ahora me parece que con tu forma de mirarme, de hablar, tus caras, tus risas, tu ponerte de mi parte, tu defenderme de mis padres y de mi pareja, de enfadarte con ellos, borrabas su magia negra y me resucitabas. Me recordaste muchas veces, y perdona si te ofende porque tú eres más guapo, al mago Tamariz, con su "Tan-ta-tachán" muerto de la risa después de hacer un truco de magia muy difícil como si nada.

Pero también eras para mí mi profe particular. Gracias a ti leí mucho de psicología y eso me ayudaba a entenderme pero sobre todo te leía a ti, leía (y leo) tus artículos y si no entendía algo, te lo preguntaba, y lo comentábamos y aprendía un montón contigo y me di cuenta de que no soy tonta como siempre me habían dicho. Pero lo más raro es que contigo se podía hablar de todo, de cine, de música (bueno de antes de los 90 que lo moderno no te va mucho), de libros y era la primera vez que notaba que a alguien le importaban mis cosas. No me tratabas como a una boba, como a una inferior, sino que te interesaban de verdad y a mí me hacía super ilusión contártelas, enseñártelas y me animabas y me dabas consejos y aunque a veces perdías un poco la paciencia con mis complejos, eras siempre cariñoso. Más de una vez salí pensando: ¡Joder, porqué no me adoptará este tío, yo quiero tener un padre así!

Hicimos ejercicios, hablamos mucho, pero si ahora alguien me preguntara tendría que decirle que no sé muy bien cómo mejoré, pero el caso es que empecé a sentirme mejor y a plantarle cara a todos los que me trataban mal y a hacer cosas que nunca había hecho. Y aunque a veces lo pasaba muy mal y me desesperaba, siempre sabía que tú estabas ahí y que me ayudarías. Y que Olga también estaba. Todavía me acuerdo cómo habló conmigo un día por teléfono cuando te llamé echa polvo porque mi padre me había insultado y estampado contra la pared, y tú no estabas y me dedicó mucho tiempo y me dejó que se lo explicara. Me ayudó a estar más tranquila para que pudiera esperar a hablar contigo.

Fui a verte muchas veces a "la habitación del vuelo" y a veces me preguntabas en qué punto creía que estaba y pintabas una línea y yo hacía un puntito y te decía "aquí", y así los dos nos íbamos dando cuenta por dónde íbamos, cuánto faltaba para acabar, porque la terapia no iba a durar siempre.

Y al principio me parecías un terapeuta tramposo que tenías un reloj trucado, porque me daba la sensación que el timbre sonaba a los pocos minutos porque no podía contar ni la mitad de lo que quería decirte. Pero al final ya no sabía qué contarte, se me acabaron los temas, entonces supimos que la terapia había terminado. Yo ya no tenía miedo, me sentía más fuerte y podía vivir sin ayuda. Y todavía me acuerdo cuando me dijiste al oído mientras me abrazabas al lado de la puerta; "Vuelve sólo por aquí si no puedes volar sola. Pero estoy seguro que podrás, ¡eres una superviviente!"

Y eso he hecho desde entonces, echar mano de todo lo que aprendí contigo para seguir adelante. Y ahora, aunque no siempre estoy bien, no sólo nadie me pega sino que tengo un amigo-pareja, un trabajo que medio me gusta y sobre todo tengo ganas de vivir. Y eso, José Luis, no lo pagué con el precio de tus sesiones.

Me gustaría haberlo explicado mejor y haberlo escrito mejor, pero lo que te quiero decir es que te quiero mucho y que te doy muchas, muchas, todas las gracias del mundo.

Ana S. (Hospitalet de Llobregat)

4 comentarios :

  1. Gracias, Ana, por escribirlo. Y gracias, Olga, por publicarlo. Emocionado hasta las lágrimas. Porque sí, porque yo tb habría querido un padre así. Con quien haber podido hablar de todo, que le importaran mis cosas, que le interesaran de verdad, que señalase todo lo bueno que hay en mí y que me animase (en lugar de criticarme continuamente y machacarme). Quién no querría un padre así. Lamentablemente algunos jamás lo tuvimos ni jamás lo tendremos. Afortunadamente, como bien dices, Ana, llega el momento en que nos damos cuenta, plantamos cara a quienes nos tratan mal y los dejamos atrás. Y entonces llenamos la vida de gente que sí nos quiere bien (en mi caso muchos y buenos amigos) y de aquello que nos hace felices. Y eso, desde luego, es algo que no tiene precio. Muchas gracias de nuevo por tu precioso escrito, Ana. Y a volar, que todos tenemos derecho. Un fuerte abrazo. Neo.

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  2. ¡Qué bonito y qué identificado me siento! También he acabado lagrimeando en pleno trabajo. He tenido que disimular (cosa que he hecho durante muchos años así que se me ha dado bien).
    José Luis es una persona maravillosa.

    Gracias, Ana y gracias, Olga.

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  3. Una historia, fuerte, muy cautivadora y REAL, y motivadora sobre el hecho de que no todo está perdido en muchas veces que nos sentimos perdidos, en mi opinión una historia de amor, de sinceridad, de amor sincero y de un vinculo sano entre un terapeuta y su paciente, y la respuesta de dicho terapeuta, tan humana, sincera, comprensible y amorosa como siempre, algo admirable y apreciable, y destacable sobre estas caras de personas y situaciones que BUENAS que la vida nos puede dar, un saludo y un abrazo para los 3 =)

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  4. A mi también me emocionan vuestros comentarios Neo, Tatum y Enrique y a José Luis, aunque no diga nada, también. Muchas gracias sois los tres muy majos. Besos!

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