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miércoles, 1 de marzo de 2017

CASOS REALES: Correr para no sentir

(Fragmento de un diario personal)

por Dron D.

Para Olga, con mi agradecimiento.
El nuevo Dron D. que ya no necesita fingir.

Ya vale de negarlo si es la puta verdad. Me dedico a hacer de todo para no hacer lo que realmente importa. En este sentido soy un yonki cualquiera. Un loco, un hipercinético que en el fondo sabe que, si se queda parado, aunque sea un segundo, aunque sea un milisegundo, no podrá continuar. Hago todo porque, en realidad, no quiero hacer nada. Porque no me gusta el mundo, porque no me gusta la gente, porque no sé amar y el amor de los otros me agobia.

Pero siempre me ha movido la culpa y el deber. Soy un tío de ciudad pero vivo como una vieja de pueblo. Ja! Nunca he hecho lo que he querido. Nunca me ha movido el deseo. Y lo triste es que, si lo pienso bien, corro de un lado a otro precisamente para no sentir esos deseos, porque cuando se atreven a asomar un poco, me dan asco. Mucho asco. Gracias a mis viejos soy un esclavo. Esclavo de las órdenes que me tatuaron a fuego, y haré cualquier cosa para dejar de oírlas. Por eso las obedezco, por eso bebo, por eso me meto lo que puedo, para que ese juez que me tortura, que me dice a todas horas lo que está bien y lo que está mal, se calle de una puta vez y me deje descansar un poco. Sólo un poco. ¿Por qué no han inventado un botón para dejar de sentir?

Y el problema es que soy así desde hace tanto tiempo que, si pudiera ser realmente yo, nadie me reconocería. ¿Dónde está ese tío tan dinámico, tan eficaz, tan divertido? ¿Dónde está ese buen hijo, ese triunfador al que todos adoran? ¿Qué ha pasado? ¿En qué piltrafa humana se ha convertido? Y así me paso la vida forzando, actuando, mintiendo, huyendo, siguiendo con la gran mascarada que es mi vida.

Sólo me relajo cuando estoy solo. Entonces puedo sacar mi verdadera cara, la cara del perro furioso que soy, ir descuidado, comer mierda, fumar, beber y pasarme horas delante del ordenador viendo porno duro y pajeándome sin parar. Con M. tampoco soy yo, no sea que descubra que el gran Dron D., el machote duro con el que se lió, no es más que un niñato flojo y depresivo que sólo quiere dormir. Y sé que esto es un gran error, porque cuanto más hiperactivo soy, más se cierra ella. Los dos huímos de la depresión cuando sólo en la depresión, en la verdad, podríamos encontrarnos.

Y lo triste es que me he pasado media vida machacándola por débil, por triste, por depresiva, por pasmada, por aburrida, hasta que se ha blindado tanto que esto ya no tiene solución... Y ahora resulta que soy igual o peor que ella, y sé que por eso yo no podía aceptar que ella fuese sincera y se quedara todo el día en la cama, llorando o durmiendo, mientras yo, para no hacer lo mismo, corría de un lado al otro como un conejo chiflado... Una puta mierda.

Dron D.
Escrito en Barcelona a 23/02/2013

1 comentario :

  1. Me siento identificado y me anima saber que se puede... Este blog es de vicio. Muchas gracias Doctora, aquí un admirador.

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