La queja: ¿desahogo o estrategia?

Reiteramos a menudo la necesidad de expresarnos, de quejarnos, de desfogar nuestras emociones y sentimientos como requisito indispensable para aliviar la acuciante presión de nuestro inconsciente. Ahora bien, ¿todas las quejas son iguales? ¿O hay quejas "necesarias" para liberarnos pero, al revés, hay también quejas que sólo contribuyen a perpetuar nuestros problemas? A este segundo tipo la denominamos quejas neuróticas.

La queja neurótica es otra trampa de nuestro inconsciente. Pese a su apariencia, no está destinada a encontrar sinceramente soluciones, sino sólo a llamar la atención del sujeto, darse importancia, "robar" a escondidas migajas de afecto de los demás. Y todo ello sin ningún esfuerzo real de la persona por mejorar. Por eso la queja neurótica es siempre un truco repetitivo, interminable, incluso agobiante... La persona "quejica" nunca se cansa de lamentarse, incluso cuando sus problermas sean, de hecho, insignificantes.

Todos conocemos a esas personas que, al menor descuido y sin apenas preguntarles, ya te están explicando con todo detalle su largo historial de "desgracias" en la vida, en el matrimonio, en el trabajo, en la salud, etc. Incluso si tú les confías algo, no lo dudes: su dolor siempre será mayor que el tuyo. Necesitan sentirse protagonistas incluso en la desdicha. Pero si les brindas una ayuda eficaz en lo que sea, entonces la rechazan precipitadamente con cualquier excusa. Todo es fundamentalmente una estrategia inconsciente. Una mentira neurótica.

A diferencia de la queja neurótica, que es permanente, la queja "sanadora" es una forma de expresión temporal e indispensable para la maduración. Cualquier buen terapeuta debe favorecerla sin permitir, no obstante, que llegue a convertirse en un "vicio" que impida el avance. Así, a medida que las quejas del individuo van hallando genuina escucha y comprensión, van perdiendo fuerza. Van dejando de repetirse.  Se inician espontáneamente procesos de aceptación y serenidad... ¡Los viejos problemas "de siempre" comienzan a aburrir al propio sujeto! Y entonces éste empieza a vivir de otra manera: desahogando sus malestares a medida que se presentan, pero también gozando de sus alegrías a medida que las encuentra.