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jueves, 16 de julio de 2015

PSICOBIOGRAFÍAS: Janis Joplin (1943-1970)

El último día de su vida Janis Joplin dijo a los músicos de su banda:

- ¿Me queréis? Si alguno de vosotros me abandona, ¡lo mato!

Este podría ser el relato más breve y más explícito de su vida. La vida de una mujer que muchos idolatran por su fuerza, su valentía, su transgresión, y que algunos imitan, sin saber que detrás de ese torbellino había una muñeca rota. Una niña insegura, incapaz de sentirse querida, que sentía un miedo atroz al abandono, pánico a la desaprobación de sus padres y mucha rabia. Una chica que para reclamar afecto y dejar de sentirse fea y despreciable tuvo que desarrollar una defensa, una máscara perfecta de mujer agresiva, promiscua y pendenciera con la que ocultaba la terrible soledad emocional en la que siempre vivió. Un disfraz que, junto a su valiosa voz, le proporcionó fama, dinero y sexo pese a ser, como ella misma afirmaba, "una chica sin nadie, sin nada, tumbada en una jodida habitación del hotel".

En una ocasión, un periodista preguntó a su madre si Janis había recibido todo el amor que necesitaba. La madre contestó:

- El que le correspondía.

No es una respuesta muy cariñosa. Algunas fuentes hablan de la frialdad de la madre de Janis, de su dureza, de su mojigatería, de su carácter rígido y dominante. Otras sugieren que sentía celos de su hija. Algunas mencionan su tendencia a la bebida y su carácter sombrío... Y aunque Janis siempre habló bien de su padre y lo describió como "un hombre afectuoso", los amigos de la cantante lo definieron como alguien frío y replegado en sí mismo, que se refugiaba en el garaje para huir de su mujer y poder beber tranquilo.

En su adolescencia, Janis se cansó de ser una niña buena, dulce y obediente que pedía amor sin conseguirlo, y empezó a comportarse marginalmente en una familia y una ciudad (Port Arthur, Texas) totalmente conservadoras. Pintaba desnudos, se relacionó sexualmente con promiscuidad, bebía, se unía a grupos de chicos y se comportaba como el macho más duro y agresivo... Sólo quería provocar.

Provocaba y, al mismo tiempo, buscaba algo parecido a una "familia". Músicos, amantes, novios y novias igual de inestables y adictos que ella fueron sus compañeros durante los años en los que malvivió aliamentándose en los comedores populares, robando en los supermercados, trapicheando aquí y allá... Después, con la fama y el dinero, proliferaron a su alrededor los admiradores y aprovechados a los que ella, por no estar sola, agasajaba con sexo, fiestas y drogas. Pero alguno de sus amantes afirmó que su apasionamiento era artificial, y que ella solía preguntar:

- ¿Follo como canto? ¿Soy así o estoy haciendo teatro?

Lo cierto es que Janis nunca pudo superar que su familia no la quisiera. Soñaba con casarse, formar una familia "normal", ser la maestra de escuela que su madre siempre deseó que fuera. En dos ocasiones volvió a casa de sus padres para "cambiar de vida", sin conseguirlo. Cuando, siendo famosa, volvió de visita a Port Arthur, sus padres huyeron para no verla. Ella los criticó ante la prensa y su madre le dijo explícitamente: "¡ojalá no hubieras nacido!" Este episodio hizo brotar su depresión latente y sus contradicciones afectivas. La cantante cambió su testamento para dejar todos sus bienes a los padres y hermanos como "reparación por todo el daño que les había causado".

En sus últimos años, Janis bebía a todas horas. Era adicta a la heroína y sufrió seis sobredosis. En los momentos más desesperados llegó a inyectarse zumo de sandía y agua del báter. Fue detenida por escándalo público. Siempre insatisfecha, su aspecto y su voz se resentían... Durante meses se mostró muy deprimida y hablaba constantemente de suicidio.

La noche en que murió, Janis había quedado con su novio del momento y con una chica con la que mantenía relaciones intermitentes, para montar un trío. Decoró la habitación del hotel como solía hacer, se inyectó su dosis de heroína y bajó a comprar tabaco. Volvió a subir... La encontraron muerta 18 horas después, rígida, con el paquete de tabaco en una mano y el cambio en la otra. Ninguna de las personas con las que se había citado acudió a su encuentro pues habían encontrado un plan mejor.
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Basado en  "Janis Joplin. Las cicatrices del dulce paraiso", Alice Echols, Ed. Circe, 2001

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