Los hermanos

Sabemos que los padres neuróticos causan daños a los niños. Pero esta influencia varía mucho, agravándola o aligerándola, según el número de hijos. Obviamente, no es lo mismo ser hijo único que tener varios hermanos. No es lo mismo ser el mayor que el menor o el mediano. Tampoco es igual ser el preferido de los padres que ser la "oveja negra". Ni haber nacido en los tiempos felices de los padres que cuando éstos ya sólo querían separarse.... Etc... El número y la posición ocupada entre los hermanos "reparte" y diversifica los conflictos de cada niño.

Por ejemplo, atendiendo sólo a la edad, sabemos que, en general, el primer hijo suele experimentar la llegada del segundo como un "destronamiento". El segundo suele sentir celos del mayor porque, a los ojos de los padres, es más "fuerte" y "adulto". El tercero puede ser el más "consentido" por ser el benjamín  pero, precisamente por eso, también puede sentirse particularmente solo e incomprendido. Cuando hay varios hermanos, los mayores suelen "cuidar" de los menores (lo que puede crear resentimientos mutuos), y también suelen formarse alianzas, rivalidades o distanciamientos según las  circunstancias. Entre los hermanos de padres ya separados, o cuando hay hermanastros, surgen otros problemas. Etc... En condiciones tan diferentes, es fácil entender que la neurosis parental (dominio, malos tratos, favoritismos, manipulaciones, negligencias... ) y sus secuelas sobre los hijos (en forma de miedos, odios, apegos, celos, envidias, bloqueos...) pueden ser muy distintas en cada niño.

Los hijos menos nutridos por el amor de sus padres y/o de otros hermanos resultarán los menos resistentes a los conflictos familiares y, por tanto, los aparentemente más "débiles". Ello los convertirá en "ovejas negras", es decir, en chivos expiatorios de todas las tensiones familiares, de modo que resultarán los hijos más "raros" o "inadaptados" de la familia, o  los más "trastornados" mentalmente. Los demás se apiñarán y defenderán incluso violentamente contra tales marginados, que, a la larga, necesitarán ayuda psicológica o incluso psiquiátrica. ¡Y casi nadie "entenderá" sus motivos!

En suma, podemos decir que:
1. La mayoría de padres, consciente o inconscientemente, suelen tratar de modo diferente a cada hijo.
2. Cuantos más hermanos hay, menos afectos y atenciones recibe cada uno por parte de los padres.
3. Las diferencias de trato dependen, entre otras cosas, de:
    a) sexo de cada hijo
    b) edad (y diferencia de años de cada hermano)
    c) circunstancias de cada crianza (p.j. amor/vínculo de cada progenitor, felicidad mutua de éstos, situación sociolaboral y económica, enfermedades...)
4.  Los hermanos que no se identifican o no se someten a la neurosis familiar son convertidos en "ovejas negras", con problemas psicológicos significativos.

¿Cómo se pueden mejorar las relaciones familiares? Obviamente, con la fórmula que habitualmente repetimos: amor y consciencia. Con muchísimo amor y consciencia. Lo que, desgraciadamaente, sólo puede conseguirse con el mejor conocimiento posible (a menudo, con ayuda terapéutica) de nosotros mismos.