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miércoles, 23 de abril de 2014

La pareja-cárcel

A menudo me llaman mujeres con la intención de pedir hora para su novio, marido o amante. Afirman que él es muy neurótico y que necesita ayuda urgente. Les hago algunas preguntas y no tardan en reconocer que el futuro paciente ignora por completo que le están concertando su primera visita, o que todo forma parte de un ultimátum impuesto por ellas mismas... Son muchas las personas que controlan a su pareja en numerosos aspectos de su vida: el trabajo, las relaciones familiares, los amigos, las aficiones... Interrogatorios, lamentaciones, registro a escondidas de las pertenencias ajenas, fisgoneo en agendas telefónicas y correos electrónicos, espionaje con perfiles falsos en las redes sociales donde participa la víctima, etc. Estos "detectives" desconfiados y compulsivos sólo se tranquilizarían, quizá, si lograsen el dominio absoluto de su pareja. Pero semejante cosa es tan imposible como, además, profundamente patológico. ¿Por qué?

Detrás de estas supervigilancias no hay, obviamente, demasiado amor. Por el contrario, hay profundas inseguridades, carencias infantiles insoportables, omnipotencias narcisistas, dependencias emocionales extremas, envidias secretas, ansias inconscientes de infidelidad... Y, como en todas las parejas conflictivas, se trata de la combinación y realimentación de dos neurosis. Dos formas complementarias de ser infelices: una, dominando; la otra, sometiéndose. Dos personas, en fin, aferradas a una prisión muy dolorosa, pero a la que no pueden renunciar.

¿Cuál puede ser la solución? Desde luego, no es cerrar los ojos y culpar de todo al otro. Tampoco es obligar a nadie a hacer terapias. La única salida es darse cuenta del papel que cada uno juega en la construcción de estas prisiones neuróticas, y buscar el modo de crecer, de madurar, de establecer relaciones emocionales mucho más sanas y maduras .

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