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martes, 11 de junio de 2013

Gordos

Hoy la gordura es fea. Ser gordo es sinónimo de ser desagradable, perezoso, culpable de no "cuidarte" mejor. Toda la sociedad (radio, televisión, internet, colegios, campañas de salud pública, juguetes, películas...) está calada hasta los huesos de un mismo mensaje casi religioso: ¡JAMÁS SEAS GORDO! O todo el rechazo social caerá sobre ti.

Se comienza a manipular a niños de corta edad (3-5 años) para obsesionarlos con su cuerpo, la belleza, el ejercicio, las dietas. Se inventan absurdos globos intragástricos o, peor aún, delirantes "mallas supralinguales" cosidas a la lengua para que el proscrito gordo deje de comer. Se vacía el cerebro de millones de adolescentes y mujeres adultas con una publicidad perpetua llena de sonrientes mujeres esqueléticas...

Sin embargo, pese al colosal negocio que todo esto representa, lo más horrible es que nadie parece preguntarse por qué alguien (descartando las causas médicas) desearía comer hasta los extremos de la obesidad. La respuesta es obvia, como descubriríamos fácilmente si alguien se tomase la molestia de interesarse de verdad por los gordos, escucharles y hacerles la más sencilla de las preguntas: "¿por qué comes tanto?"

La gente come por apetito, pero también comemos para celebrar, para relacionarnos, para gratificarnos. Comemos también para darnos gusto, para llenar vacíos, para aliviar amarguras. Toda comida nos remite inconscientemente a la leche materna; por eso queremos "comernos" todo lo que amamos. Nos "comeríamos a besos" a ese niño precioso. La persona hermosa está "buena". Nuestro ser querido está "para comérselo". Etcétera. Amar y comer siempre fueron juntos. Por tanto, cuando una persona sólo come y come y come... ¿qué nos está confesando a gritos? Obviamente, que sufre, se siente instatisfecha, se siente sola, no hay amor en su vida. Por eso se vuelve "adicta" al mejor sucedáneo posible del amor: la comida. Y por eso engorda.

La cosa es simple, pero es increíble la cantidad de mentiras que somos capaces de inventar para negarlo. Por tanto, "¿estás gordo?  No nos cuentes tus problemas. Tu gordura es enfermiza, es genética, es fea, es peligrosa, es inaceptable.... Además la culpa es tuya: "¡deja ya de comer!" Y todo son campañas, lemas, pancartas contra la anorexia, contra la bulimia, contra la obesidad, por las dietas, las terapias contra el peso, etc., etc. Naturalmente, los gordos -acomplejados y desesperados- comerán aún más...

¿Cuándo entenderemos, en fin, que perseguir a los gordos es una forma más de violencia social?

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